CASTELLANO

El coleccionista

Gregorio Santesteban Errea · 1931–2021

Gregorio Santesteban Errea
Gregorio Santesteban Errea, 2014Foto cedida por Magnesitas S.A.

Autor de esta llamativa colección, Gregorio Santesteban Errea tenía raíces eugiarras por parte materna (casa Eroseta, actualmente desaparecida a causa del embalse), aunque nació y vivió en Zubiri, en la casa paterna conocida como Etxeaundi. Sus primeros años profesionales estuvieron vinculados a la serrería familiar, ubicada en Zubiri. Si le preguntaban, de una forma humorística decía que él había estudiado en la Universidad de Ilarraz (donde pasó su infancia como vaquero). Más tarde accedió a trabajar en la empresa Magnesitas Navarras, donde desarrolló una trayectoria prolongada: desde los trabajos más humildes, y gracias a su iniciativa y sentido de la responsabilidad, terminó siendo jefe del parque móvil.

Su contacto cotidiano con la mina de Eugi marcó el inicio de una relación profunda con el mundo de los minerales. De la mano del ingeniero Juan Córdoba, Gregorio se adentró en un universo hasta entonces desconocido para él: un mundo de colores, texturas y formas cristalinas que despertaron una curiosidad estrictamente mineralógica. Lo que comenzó como asombro ante la diversidad y belleza de las piezas se transformó en una pasión sostenida en el tiempo. Durante cerca de veinte años participó en intercambios de minerales con personas de distintos lugares del mundo, construyendo una red basada en el descubrimiento compartido, el intercambio y la hospitalidad.

En esta aventura involucró también a sus dos hijas. A una de ellas la llevó como intérprete de francés a una exposición internacional de minerales; con la otra participó en una “cacería” de minerales en Soria. Viajes, encuentros y experiencias que formaron parte activa tanto de la vida familiar como del crecimiento de la colección.

En aquellos años, la mina de Eugi era conocida por la excepcional pureza de los cristales de dolomitas. Este mineral se convirtió en la única moneda de intercambio de Gregorio. Apenas necesitó moverse de casa para reunir más de 250 piezas: una dolomita, un trozo de queso de Mezkiritz y la hospitalidad de su hogar bastaban para incorporar una nueva textura, un nuevo color o una nueva forma a su colección.

Más allá de los minerales, Gregorio Santesteban era conocido por un gesto muy personal: tallaba cucharas de madera de boj con sus propias manos y las regalaba a las personas a las que estimaba. Un trabajo paciente y manual que refleja una forma de estar en el mundo basada en el cuidado, el intercambio y el valor de lo hecho a mano, en coherencia con la mirada curiosa y atenta que atraviesa también su manera de coleccionar minerales.

Ver también: Euskara · Français

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